Después,
después de masticar todo, parsimoniosamente, y de deglutirlo, bebió un último
sorbo de vino y se sentó. Aparte. Se sentó donde siempre, a observar viandas, manjares... y a los comensales de la Roma eterna.
No tuvo
que esperar mucho. Esta vez, no. Las otras solía marcharse pasado un tiempo
prudencial. No en esta ocasión. Sintió algo y cuando quiso darse cuenta, ya era demasiado tarde.
Siempre
supo que algo así podría pasarle… algún día.
Esta vez,
había salvado la vida del César. Del César de Roma.
No la
suya… pero Roma nunca se lo agradecería.
· · ·
668·LMA296·150302 · El último bocado ©2015
710ML'130518-015-Tenedor con azul índigo-w ©2010 |
· · ·
dedicado a todos los catavenenos muertos... o por morir
tanto en sentido literal como alegórico