Callejearía un poco por el Barrio San Telmo, hasta
llegar a la Plaza Dorrego. Hoy habría mercado pero los perros no habrían de
suponerle obstáculo alguno. Los dejaría atados a la apartada farola de siempre, que por ese
punto concreto no solía deambular gente.
Curiosearía entre los puestos, a ver si
encontraba alguna oportunidad, que no necesariamente una ganga. Después, tal como hacía todos los días del recorrido, entraría en
el famoso Café Dorrego y se tomaría un alfajor relleno de dulce de leche.
Recogería su grupo de perros, de los que conocía mucho
más que sus nombres... y más todavía que sus propietarios y callejearía de regreso dejándolos uno a uno en
sus domicilios, cobrando esos siempre pocos pesos por su trabajo.
Y no habría terminado su día.
En casa, además de todas
las labores cotidianas del hogar, vivía sola que sus padres estaban en Neuquén, le esperaban sus libros y muchas horas de
trabajo.
Este año, por fin, terminaría su carrera de veterinaria.
Está totalmente convencida.
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741·LMA335·161205 · El recorrido ©2016
715'151121-826-Argentina-Buenos Aires-w ©2015 |